La decadencia moral e intelectual que asola España engendra, de manera natural, especies que, como musarañas en la noche, salen en busca de su alimento. No sería posible que sobrevivieran en un entorno de competencia y responsabilidad, en un entorno de valentía, de coherencia y de objetividad. Por eso nadie los había conocido hasta que se destapan en medio de la ola grisácea que nos invade.
Hay personajes que se cuelan como los ratones en los desvanes y tratan de roer todo lo que puedan hasta que alguien aparezca con un raticida y vuelva a adecentar el trastero. Estos ratones, si crecen demasiado, adquieren un cierto poder mediático y se proclaman como adalides de las verdades y defensores de los que se conforman con barrer el trastero de manera periódica moviendo la porquería a derecha o a izquierda según protesten más los de un lado o los de otro.
Estos gusarapos están radicalmente en contra de todo movimiento que suponga enfrentar el puesto de trabajo con la realidad y no digamos con los principios. Para esta neo-aristocracia de tertulia barata y consigna partidista no hay más principio que la defensa del patrón que les ha permitido dotarse de cierta aureola de intelectualidad por haber sabido tejer unas cuantas letras entre las consignas dictadas y la crítica al adversario del jefe.
Y esta casta de paniaguados no duda en arremeter contra todos aquellos que defienden principios, libertades e independecia. Y no carece de lógica su actuación. Los parásitos del poder sólo existen en la medida que subsista el sistema que otorga el mando a sus jefes. Si éstos perdieran el mando en plaza, los otros volverían a su esencia natural: la nada.
Así, mientras a estos parásitos se les ve el plumero en cualquier tertulia, pues no en vano saltan a las primeras de cambio y de manera obscenamente virulenta en defensa de partidos y políticos que les han aupado a los debates y las televisiones, callan o incluso aplauden toda medida contra quienes, lejos de ejercer un periodismo a sueldo de políticos, se expresan libremente y hacen pasar a las personas por el filtro de los principios y no a los principios por el filtro de las personas.
De la misma manera que hay periodistas deportivos que basan su fama en adular constantemente a ciertos deportistas, hay quien crece lamiendo la bota de los políticos, la misma bota que patea periodistas independientes. Pero todo el mundo sabe que hablan por boca de sus patrones. Por ello, lo que dicen sólo interesa en la medida en que se sabe que ha sido dictado por terceros que los manejan. Esa es toda su credibilidad. Por contra, hay periodistas que se expresan libremente y defienden principios, y como consecuencia acaban por ser víctimas de políticos y poderosos. Pero todo el mundo comprende que si un político le quiere quitar de en medio es porque le toma en serio, porque le puede sacar los trapos sucios y dejar sus miserias al descubierto. Y ése es el valor del verdadero periodista: su credibilidad, la suya, no la de quien mece la cuna.
Es fácil, por otro lado, distinguir a unos y a otros. Los parásitos nunca arriesgan una opinión que pueda contravenir al jefe. NUNCA. Suelen ser burdos, repiten mantras o consignas que curiosamente repiten los políticos a los que apoyan. Suelen estar, además, escasamente documentados, y suelen justificar lo injustificable. Nunca se ha visto un periodistilla de esta clase que pase de adular a criticar a un político, salvo que éste político haya dejado paso, precisamente, a quien ellos pasan a adular.
Por último, hagan la prueba. Es un juego divertido y seguro que pueden identificar a algún parásito. Es fácil: en estos tiempos son la especie dominante.
Salud y Libertad.
miércoles, 14 de enero de 2009
viernes, 5 de diciembre de 2008
Nacionalismo y terror
Un nuevo asesinato de ETA. Sobran las palabras. Escasean los hechos. Más allá de declaraciones grandilocuentes y grandes gestos, la nada. Nada se mueve, nada cambia. El nacionalismo (EA, Aralar, PNV) sigue impertérrito su camino, echa a un lado el último cadáver, y se remanga para disputarse los restos políticos de sus clones batasunos de ANV.
En estas tierras nuestras, el BNG saca pecho y se viste con sus mejores galas, que incluyen el pañuelito palestino y la apropiación indebida de gaitas y folclore “celta”. Nuestros abertzales galaico portugueses no han esperado ni 24 horas para mostrar a las claras, con el cadáver humeante del último sacrificio humano de la ideología nacionalista antiespañola (y perdonen la redundancia), que comparten lemas y esquemas mentales con los “gudaris” etarras.
No contentos con organizar un acto de homenaje a dos terroristas condenados por colocar bombas en Santiago de Compostela, despliegan en esta misma ciudad, de incuestionable españolidad histórica, una enorme bandera independentista, proclamando la lucha por el derecho de “autodeterminación” del pueblo gallego.
Y ya se sabe: el pueblo gallego son ellos, a pesar de que no han conseguido jamás, no ya ganar unas elecciones, sino alcanzar apenas el 25 % de los votos de “su propio pueblo”…No obstante alguien les otorga un poder que no merecen. Un ejemplo: el periódico que da esta noticia la redacta en gallego, como si gallego y nacionalismo tuvieran que ir, indefectiblemente, de la mano. Ya nos conocemos la historia: lo español es ajeno. Lo galleguizante es lo propio.
Dice la representante de esa cosa llamada Galiza Nova (¿o Supernova?) que Galicia no decide hoy cuál es su destino. Error: Galicia lo decide cada cuatro años en la elecciones autonómicas y, sobretodo, cada cuatro años en las elecciones generales. Y lo decide muy claramente: de manera constante y abrumadora, el pueblo gallego le da la espalda a las opciones nacionalistas. Es duro, supernovas, pero la vida es así. Dicen los abertzales galaico-portugueses que el independentismo es necesario para subir la “autoestima” de los gallegos. Esta parte la entiendo. No me extraña que los nacionalistas la tengan por los suelos. Debe ser muy duro identificar Galicia con nacionalismo, creérselo ciegamente, y despertarse cada lunes después de unas elecciones y descubrir la cruda realidad.
Pero el carácter esperpéntico y absurdo de las reivindicaciones de los cachorros “bloqueros” no dejaría de ser una anécdota más de la frustración del perdedor, sino fuera porque sus ideas son el germen de la intolerancia, de la radicalidad, y de su manifestación más sangrienta: el terrorismo. El nacionalismo es la única ideología, junto con el fundamentalismo religioso, que sirve de base intelectual para el asesinato. Y por las mismas razones: no admite términos medios, no respeta al disidente. Los “infieles” españoles merecen toda suerte de desprecios, se les cosifica, y en última instancia, se les “elimina” social y físicamente.
Es cierto, por último, que no todos los nacionalistas son terroristas. Pero no es menos cierto que todos los terroristas son nacionalistas.
Salud y Libertad
En estas tierras nuestras, el BNG saca pecho y se viste con sus mejores galas, que incluyen el pañuelito palestino y la apropiación indebida de gaitas y folclore “celta”. Nuestros abertzales galaico portugueses no han esperado ni 24 horas para mostrar a las claras, con el cadáver humeante del último sacrificio humano de la ideología nacionalista antiespañola (y perdonen la redundancia), que comparten lemas y esquemas mentales con los “gudaris” etarras.
No contentos con organizar un acto de homenaje a dos terroristas condenados por colocar bombas en Santiago de Compostela, despliegan en esta misma ciudad, de incuestionable españolidad histórica, una enorme bandera independentista, proclamando la lucha por el derecho de “autodeterminación” del pueblo gallego.
Y ya se sabe: el pueblo gallego son ellos, a pesar de que no han conseguido jamás, no ya ganar unas elecciones, sino alcanzar apenas el 25 % de los votos de “su propio pueblo”…No obstante alguien les otorga un poder que no merecen. Un ejemplo: el periódico que da esta noticia la redacta en gallego, como si gallego y nacionalismo tuvieran que ir, indefectiblemente, de la mano. Ya nos conocemos la historia: lo español es ajeno. Lo galleguizante es lo propio.
Dice la representante de esa cosa llamada Galiza Nova (¿o Supernova?) que Galicia no decide hoy cuál es su destino. Error: Galicia lo decide cada cuatro años en la elecciones autonómicas y, sobretodo, cada cuatro años en las elecciones generales. Y lo decide muy claramente: de manera constante y abrumadora, el pueblo gallego le da la espalda a las opciones nacionalistas. Es duro, supernovas, pero la vida es así. Dicen los abertzales galaico-portugueses que el independentismo es necesario para subir la “autoestima” de los gallegos. Esta parte la entiendo. No me extraña que los nacionalistas la tengan por los suelos. Debe ser muy duro identificar Galicia con nacionalismo, creérselo ciegamente, y despertarse cada lunes después de unas elecciones y descubrir la cruda realidad.
Pero el carácter esperpéntico y absurdo de las reivindicaciones de los cachorros “bloqueros” no dejaría de ser una anécdota más de la frustración del perdedor, sino fuera porque sus ideas son el germen de la intolerancia, de la radicalidad, y de su manifestación más sangrienta: el terrorismo. El nacionalismo es la única ideología, junto con el fundamentalismo religioso, que sirve de base intelectual para el asesinato. Y por las mismas razones: no admite términos medios, no respeta al disidente. Los “infieles” españoles merecen toda suerte de desprecios, se les cosifica, y en última instancia, se les “elimina” social y físicamente.
Es cierto, por último, que no todos los nacionalistas son terroristas. Pero no es menos cierto que todos los terroristas son nacionalistas.
Salud y Libertad
martes, 4 de noviembre de 2008
La Libertad traicionada
Corren malos tiempos para la sociedad abierta. Para algunos, ahora toma verdadero sentido la palabra Libertad. Para la inmensa mayoría eso vuelve a sonar a "libertinaje" y a "radicalismo". Es mucho mejor que nos guíen en el pesebre. ¿Para qué ser libre? ¡Mucho mejor estar a cubierto! ¿Para qué enfrentarse a Al Capone si bajo su protección estaremos seguros? ¡Qué mas da que nos convirtamos en sus esclavos! Éste es el nuevo/viejo pensamiento único: el miedo a la libertad.
ZP exprimiendo a los que supieron ser precavidos, para pagar a los que se echaron al monte endeudándose a sabiendas de que no podrían pagar a la más mínima turbulencia. La Fiscalía renunciando a pedir la condena de quienes queman imágenes del Rey de España a la luz de todo el que los quiera ver. ¿Y USA? A punto de elegir a un predicador de la debilidad, a un personaje a priori siniestro que pretende, nada más y nada menos, que "una nueva américa".
Con todo, lo más triste es la renuncia, o ya traición, de una buena parte del sector otrora liberal-conservador, y hoy simplemente conservador-socialista. Apena ver cómo se jalea al gobierno para que no se "quede corto" con las medidas intervencionistas. Asusta ver cómo nadie dice en público que no se puede solucionar un problema reiterando y aumentando las medidas que han causado el problema mismo.
Es algo cíclico: los mismos que ahora denostan la libertad y la responsabilidad (por ejemplo, los que se abstienen de defender que los que no han actuado correctamente purguen sus penas y no se las trasladen a los demás, "socializando el fracaso"), verán con pavor a dónde les habrán conducido en no mucho tiempo sus contínuas renuncias. Porque, por desgracia, ahora, los inexistentes contrapesos al poder harán que el camino hacia el totalitarismo sean tan rápido como silencioso y eficaz. No habrá tanques, pero habrá titulares; no habrá policía política, habrá "titiriteros"...
Y en esas estamos. Vienen tiempos duros para aquéllos que defendemos, y defenderemos siempre, que la Libertad es el bien supremo a proteger. Toca predicar en el desierto mediático del neo-socialismo de izquierdas y de derechas. Pero a pesar del panorama, es necesario mandar un claro mensaje: no abandonaremos el fuerte. Algunos no nos cansaremos de repetir que es necesario una regeneración profunda de la política española, que es necesario que emerja una nueva clase política joven e ilusionada, sin complejos históricos o ideológicos. Es necesario que la política vuelva a dotarse de contenido, de ideas, de ilusión, de riesgo. En algún momento, habremos de abandoar esta política caciquil, miedosa y entreguista que tiene verdadera aversión a la libertad y a la independencia de criterio. Hoy la alternativa es, en el mejor de los casos, un neo-socialismo conservador amable y "un poco menos" liberticida. Es más necesario que nunca, pues, una verdadera revolución social y ciudadana que despierte a España del letargo, y cambie el natural desenlace de una politica liberticida: el totalitarismo. Seguiremos en las trincheras.
Salud y Libertad.
ZP exprimiendo a los que supieron ser precavidos, para pagar a los que se echaron al monte endeudándose a sabiendas de que no podrían pagar a la más mínima turbulencia. La Fiscalía renunciando a pedir la condena de quienes queman imágenes del Rey de España a la luz de todo el que los quiera ver. ¿Y USA? A punto de elegir a un predicador de la debilidad, a un personaje a priori siniestro que pretende, nada más y nada menos, que "una nueva américa".
Con todo, lo más triste es la renuncia, o ya traición, de una buena parte del sector otrora liberal-conservador, y hoy simplemente conservador-socialista. Apena ver cómo se jalea al gobierno para que no se "quede corto" con las medidas intervencionistas. Asusta ver cómo nadie dice en público que no se puede solucionar un problema reiterando y aumentando las medidas que han causado el problema mismo.
Es algo cíclico: los mismos que ahora denostan la libertad y la responsabilidad (por ejemplo, los que se abstienen de defender que los que no han actuado correctamente purguen sus penas y no se las trasladen a los demás, "socializando el fracaso"), verán con pavor a dónde les habrán conducido en no mucho tiempo sus contínuas renuncias. Porque, por desgracia, ahora, los inexistentes contrapesos al poder harán que el camino hacia el totalitarismo sean tan rápido como silencioso y eficaz. No habrá tanques, pero habrá titulares; no habrá policía política, habrá "titiriteros"...
Y en esas estamos. Vienen tiempos duros para aquéllos que defendemos, y defenderemos siempre, que la Libertad es el bien supremo a proteger. Toca predicar en el desierto mediático del neo-socialismo de izquierdas y de derechas. Pero a pesar del panorama, es necesario mandar un claro mensaje: no abandonaremos el fuerte. Algunos no nos cansaremos de repetir que es necesario una regeneración profunda de la política española, que es necesario que emerja una nueva clase política joven e ilusionada, sin complejos históricos o ideológicos. Es necesario que la política vuelva a dotarse de contenido, de ideas, de ilusión, de riesgo. En algún momento, habremos de abandoar esta política caciquil, miedosa y entreguista que tiene verdadera aversión a la libertad y a la independencia de criterio. Hoy la alternativa es, en el mejor de los casos, un neo-socialismo conservador amable y "un poco menos" liberticida. Es más necesario que nunca, pues, una verdadera revolución social y ciudadana que despierte a España del letargo, y cambie el natural desenlace de una politica liberticida: el totalitarismo. Seguiremos en las trincheras.
Salud y Libertad.
domingo, 12 de octubre de 2008
12 de octubre de 2008
(Discurso del día de España y de la Hispanidad frente a la bandera nacional en La Coruña):
Queridos compatriotas
Hoy, 12 de octubre de 2008, día de España y de la Hispanidad, nos reunimos para reivindicar el concepto positivo de unidad, de solidaridad, de afectos comunes entre los ciudadanos que forman parte de la cultura española. La hispanidad es un concepto positivo que debemos fortalecer entre todos. La unión, la solidaridad y el sentimiento de pertenencia a una cultura hispana no están ni han de estar jamás manchados de política, intereses partidistas o coyunturas internacionales. No se trata de política, se trata de seres humanos.
Como españoles, el día de la Hispanidad es un motivo de reconocimiento a nuestro papel en la historia, asumiendo sin complejos nuestra cultura e influencia en todo el mundo, con sus errores y sus aciertos. Pero sobretodo, hemos de tomar conciencia de nuestra responsabilidad como pueblo, de nuestra comunión con el resto de pueblos de habla hispana con quienes tanto hemos compartido durante siglos, y con quienes tanto compartimos hoy en día.
Es momento de reconocer y asumir que el legado de la hispanidad toma más fuerza que nunca en el siglo XXI. Es justo reconocer que, mientras en España muchos se empeñan en retroceder, nuestros hermanos ultramar han sabido recoger el testigo de la hispanidad y enriquecerlo sin complejos. Sin duda alguna, la lengua española florece al otro lado del Atlántico gracias a nuestros hermanos americanos.
Sea como fuere, la Hispanidad vive un momento de autoafirmación en el mundo entero. Por ello, más de quinientos años después, con nuestros aciertos y errores, sería absurdo que, en lugar de capitanear el resurgimiento de la cultura hispana en todo el planeta, nos empeñáramos en discutir, precisamente en España, su misma existencia.
Queridos amigos,
Se cumple este año el bicentenario de la Guerra de la Independencia. Y precisamente hoy se hace necesario recordar, y rendir justo homenaje a quienes hace doscientos años lucharon juntos, en las calles, codo con codo, desde Madrid a La Coruña, desde San Sebastián a Barcelona, desde León a Cádiz.
Ellos lucharon y murieron por defender la soberanía de nuestra nación. Lucharon y murieron por defender la libertad, el derecho a elegir nuestro propio destino, aún a riesgo de equivocarnos en la elección.
En definitiva, los héroes de Cádiz lucharon por nuestra supervivencia como nación. No en vano aquí, en La Coruña, el 30 de mayo de 1808 la ciudad se alzó contra el invasor al grito de ¡españoles somos todos! Sirva este pequeño acto como homenaje a los patriotas coruñeses de hace doscientos años y a todos los que han dado su vida en el empeño de construír una España mejor.
Queridos amigos,
No nos cansaremos de repetir que sentirse español no es un acto político. Es un acto de generosidad, de solidaridad, de complicidad y fraternalismo. Sentirse español es compartir, es tejer una red de afectos entre las personas, entre los individuos, por encima de las castas, de las coacciones o de los intereses de los políticos de turno. Por eso sentirse español es algo abierto y no excluyente, ser español es ser tolerante, y no sectario. Y esa manera de ser, esa forma de entender el mundo, de dejar un pedacito de cada español allá dónde cada español pasa, es lo que ha conformado una seña de identidad, la Hispanidad, cuyo día hoy celebramos.
Somos una gran nación de ciudadanos libres e iguales ante la ley, amparados por la Constitución de 1978 y unidos en torno a nuestra bandera y nuestro Rey. Y ésta nación se ve perfectamente representada en este monumento, en esta bandera. Porque eso es lo que simboliza la enseña nacional: Libertad, Unidad, Democracia y Justicia. Por ella, por lo que representa, por las personas que han dado su vida por defenderla, fuese cual fuese su motivación o ideología, por los ciudadanos, por la Libertad, alcemos la voz y gritemos juntos:
¡VIVA ESPAÑA!
Francisco J. Fernández Tarrío
Queridos compatriotas
Hoy, 12 de octubre de 2008, día de España y de la Hispanidad, nos reunimos para reivindicar el concepto positivo de unidad, de solidaridad, de afectos comunes entre los ciudadanos que forman parte de la cultura española. La hispanidad es un concepto positivo que debemos fortalecer entre todos. La unión, la solidaridad y el sentimiento de pertenencia a una cultura hispana no están ni han de estar jamás manchados de política, intereses partidistas o coyunturas internacionales. No se trata de política, se trata de seres humanos.
Como españoles, el día de la Hispanidad es un motivo de reconocimiento a nuestro papel en la historia, asumiendo sin complejos nuestra cultura e influencia en todo el mundo, con sus errores y sus aciertos. Pero sobretodo, hemos de tomar conciencia de nuestra responsabilidad como pueblo, de nuestra comunión con el resto de pueblos de habla hispana con quienes tanto hemos compartido durante siglos, y con quienes tanto compartimos hoy en día.
Es momento de reconocer y asumir que el legado de la hispanidad toma más fuerza que nunca en el siglo XXI. Es justo reconocer que, mientras en España muchos se empeñan en retroceder, nuestros hermanos ultramar han sabido recoger el testigo de la hispanidad y enriquecerlo sin complejos. Sin duda alguna, la lengua española florece al otro lado del Atlántico gracias a nuestros hermanos americanos.
Sea como fuere, la Hispanidad vive un momento de autoafirmación en el mundo entero. Por ello, más de quinientos años después, con nuestros aciertos y errores, sería absurdo que, en lugar de capitanear el resurgimiento de la cultura hispana en todo el planeta, nos empeñáramos en discutir, precisamente en España, su misma existencia.
Queridos amigos,
Se cumple este año el bicentenario de la Guerra de la Independencia. Y precisamente hoy se hace necesario recordar, y rendir justo homenaje a quienes hace doscientos años lucharon juntos, en las calles, codo con codo, desde Madrid a La Coruña, desde San Sebastián a Barcelona, desde León a Cádiz.
Ellos lucharon y murieron por defender la soberanía de nuestra nación. Lucharon y murieron por defender la libertad, el derecho a elegir nuestro propio destino, aún a riesgo de equivocarnos en la elección.
En definitiva, los héroes de Cádiz lucharon por nuestra supervivencia como nación. No en vano aquí, en La Coruña, el 30 de mayo de 1808 la ciudad se alzó contra el invasor al grito de ¡españoles somos todos! Sirva este pequeño acto como homenaje a los patriotas coruñeses de hace doscientos años y a todos los que han dado su vida en el empeño de construír una España mejor.
Queridos amigos,
No nos cansaremos de repetir que sentirse español no es un acto político. Es un acto de generosidad, de solidaridad, de complicidad y fraternalismo. Sentirse español es compartir, es tejer una red de afectos entre las personas, entre los individuos, por encima de las castas, de las coacciones o de los intereses de los políticos de turno. Por eso sentirse español es algo abierto y no excluyente, ser español es ser tolerante, y no sectario. Y esa manera de ser, esa forma de entender el mundo, de dejar un pedacito de cada español allá dónde cada español pasa, es lo que ha conformado una seña de identidad, la Hispanidad, cuyo día hoy celebramos.
Somos una gran nación de ciudadanos libres e iguales ante la ley, amparados por la Constitución de 1978 y unidos en torno a nuestra bandera y nuestro Rey. Y ésta nación se ve perfectamente representada en este monumento, en esta bandera. Porque eso es lo que simboliza la enseña nacional: Libertad, Unidad, Democracia y Justicia. Por ella, por lo que representa, por las personas que han dado su vida por defenderla, fuese cual fuese su motivación o ideología, por los ciudadanos, por la Libertad, alcemos la voz y gritemos juntos:
¡VIVA ESPAÑA!
Francisco J. Fernández Tarrío
lunes, 6 de octubre de 2008
SOCIALISMO Y LIBERALISMO (II)
En este momento de crisis y de pánico generalizado sería bueno reflexionar sobre cuál es el origen del mal para abordar con seriedad las medidas a adoptar en el futuro.
Según las tesis socialistas, la reciente crisis financiera de USA es consecuencia del “capitalismo salvaje” y de haber dejado campar a sus anchas a los agentes financieros sin la intervención pública. De ahí, la izquierda extrae inmediatamente la conclusión con la que lleva soñando desde 1989: no sólo el socialismo no ha muerto, sino que es el capitalismo el que ha demostrado su ineptitud, por tanto el modelo capitalista es un modelo injusto y fracasado, y debemos dejarlo atrás.
Lo que ocurre es que la realidad es tozuda, por mucho que algunos medios se empeñen en ocultarla. La causa de la crisis financiera USA tiene a mi juicio dos factores ligados entre sí como causa y consecuencia:
1.- Un conjunto de decisiones políticas públicas consistentes en intervenir el libre mercado para “garantizar” el acceso de todas las familias a una vivienda. ¿Cómo? Muy sencillo: otorgando garantías públicas a las entidades que autorizaban hipotecas impagables y rebajando los tipos de interés desde la Reserva Federal. Es decir, se elaboró un plan económico dirigido a conseguir un resultado utilizando como medio o instrumento la intervención directa del Estado en el mercado. ¿Es esto capitalismo?
2.- La consecuencia de lo anterior se acaba de ver en toda su crudeza. Si los agentes financieros, acostumbrados, en principio, a asumir las consecuencias de sus riesgos, saben con certeza que el gobierno acudirá al rescate en el caso de que la apuesta salga mal, ¿cómo creen ustedes que actuarán? Doblarán la apuesta, jugarán doble o nada. No importa: si perdemos la apuesta, la banca repone las fichas al final del juego.
Por tanto, la crisis tiene a mi entender dos factores: uno económico, directamente ligado a la ineficiencia demostrada de la intervención del Estado para “corregir” las supuestas injusticias del mercado; y otro psicológico, o más bien moral: si se diluye la responsabilidad en un tercero, las elecciones o decisiones serán cada vez más y más egoístas.
Y aquí llegamos a la conclusión: es precisamente la intervención estatal la que causa una distorsión moral en el mercado, pues éste, si opera libremente, castiga sin piedad a quienes toman decisiones antieconómicas y no permite la impunidad empresarial. Y esto lo saben bien los inversores.
Por tanto, desde una óptica liberal, la responsabilidad no es delegable en el Estado. Si cada uno debe asumir las consecuencias de sus elecciones, los inversores se cuidarán muy mucho de apostarlo todo a una sóla carta.
Alguien dirá que a pesar de todo hay quien trata de sacar el máximo partido a su negocio a costa de hundir al de enfrente. Cierto. Existen personas inmorales. Pero en esto, también hay sustanciales diferencias entre el socialismo y el liberalismo, estando éste último más próximo al conservadurismo en esa cuestión: la moral. Pero eso merece otra reflexión.
Salud y Libertad
Según las tesis socialistas, la reciente crisis financiera de USA es consecuencia del “capitalismo salvaje” y de haber dejado campar a sus anchas a los agentes financieros sin la intervención pública. De ahí, la izquierda extrae inmediatamente la conclusión con la que lleva soñando desde 1989: no sólo el socialismo no ha muerto, sino que es el capitalismo el que ha demostrado su ineptitud, por tanto el modelo capitalista es un modelo injusto y fracasado, y debemos dejarlo atrás.
Lo que ocurre es que la realidad es tozuda, por mucho que algunos medios se empeñen en ocultarla. La causa de la crisis financiera USA tiene a mi juicio dos factores ligados entre sí como causa y consecuencia:
1.- Un conjunto de decisiones políticas públicas consistentes en intervenir el libre mercado para “garantizar” el acceso de todas las familias a una vivienda. ¿Cómo? Muy sencillo: otorgando garantías públicas a las entidades que autorizaban hipotecas impagables y rebajando los tipos de interés desde la Reserva Federal. Es decir, se elaboró un plan económico dirigido a conseguir un resultado utilizando como medio o instrumento la intervención directa del Estado en el mercado. ¿Es esto capitalismo?
2.- La consecuencia de lo anterior se acaba de ver en toda su crudeza. Si los agentes financieros, acostumbrados, en principio, a asumir las consecuencias de sus riesgos, saben con certeza que el gobierno acudirá al rescate en el caso de que la apuesta salga mal, ¿cómo creen ustedes que actuarán? Doblarán la apuesta, jugarán doble o nada. No importa: si perdemos la apuesta, la banca repone las fichas al final del juego.
Por tanto, la crisis tiene a mi entender dos factores: uno económico, directamente ligado a la ineficiencia demostrada de la intervención del Estado para “corregir” las supuestas injusticias del mercado; y otro psicológico, o más bien moral: si se diluye la responsabilidad en un tercero, las elecciones o decisiones serán cada vez más y más egoístas.
Y aquí llegamos a la conclusión: es precisamente la intervención estatal la que causa una distorsión moral en el mercado, pues éste, si opera libremente, castiga sin piedad a quienes toman decisiones antieconómicas y no permite la impunidad empresarial. Y esto lo saben bien los inversores.
Por tanto, desde una óptica liberal, la responsabilidad no es delegable en el Estado. Si cada uno debe asumir las consecuencias de sus elecciones, los inversores se cuidarán muy mucho de apostarlo todo a una sóla carta.
Alguien dirá que a pesar de todo hay quien trata de sacar el máximo partido a su negocio a costa de hundir al de enfrente. Cierto. Existen personas inmorales. Pero en esto, también hay sustanciales diferencias entre el socialismo y el liberalismo, estando éste último más próximo al conservadurismo en esa cuestión: la moral. Pero eso merece otra reflexión.
Salud y Libertad
lunes, 15 de septiembre de 2008
La democracia no es partitocracia
Asistimos a un fenómeno de consecuencias funestas: la confusión de democracia con partitocracia. La democracia es, en esencia, el gobierno del pueblo. Pero esto no quiere decir necesariamente que todas las decisiones tengan que ser adoptadas siguiendo el patrón de las mayorías parlamentarias, imponiendo los porcentajes de representación en el Parlamento a todos los poderes del Estado o sus órganos de control. La extensión de las mayorías parlamentarias a instituciones como el CGPJ, el TC, u otras, supone, de facto, el aumento del poder real de los partidos, en detrimento del poder real de los ciudadanos, y tiene la perversa consecuencia de conseguir exactamente lo contrario de lo que debería: en lugar de limitar el poder, estableciendo un control efectivo de unos poderes por otros y facilitando además la normal alternancia en el poder, se consigue la mayor concentración posible de poder en manos del partido gobernante, que, indefectiblemente cortará el paso a toda alternancia democrática.
Si los partidos políticos designan el gobierno de los jueces, aquéllos habrán vampirizado el poder de éstos, de tal manera que el único poder del Estado que podría parar los pies a los políticos en sus desmanes, despojos e incluso crímenes, queda sometido, de iure y de facto a esos propios políticos.
Yo creo firmemente que si el Poder Judicial es tal, ha de ejercer de tal, y por tanto, ha de diferenciarse totalmente del Poder Legislativo, y, no digamos, del Poder Ejecutivo, eligiendo a su órgano de gobierno sin interferencias políticas de ninguna clase. Lo contrario, la elección de los jueces por los partidos, es, digámoslo claramente, el secuestro político del Poder Judicial. ¿Quién va a creer que un juez propuesto por el PP o el PSOE va actuar contra aquéllos que le han aupado a su sillón? Lo veremos pronto.
No debemos olvidar que el Poder Judicial es, en última instancia, el que verdaderamente protege al ciudadano de los desmanes del poder, garantizando la independencia de los jueces y la igualdad ante la Ley. Son los jueces la última esperanza de los ciudadanos ante la poderosa Administración. Si cae el poder judicial, cae sin duda el poder ciudadano. No quedará al individuo ni un atisbo de esperanza al denunciar las tropelías del poder. Si los ciudadanos empezamos a percibir que no se pueden denunciar según qué cosas porque los directamente perjudicados por las ilegalidades de otros podemos ser nosotros mismos por el simple hecho de denunciarlas, la democracia habrá dejado de existir.
Digámoslo con claridad: la democracia no es partitocracia. La democracia no es la injerencia de los partidos políticos en todas las decisiones del Estado y la sociedad. Un sistema en el que el partido gobernante, elegido democráticamente, tiene todas las llaves del Estado e impone su criterio en todos los poderes estatales, suplantando al Parlamento y al Poder Judicial, con el suicida beneplácito del partido que, ilusamente, pretende “heredar” el poder, es un sistema abocado, irremediablemente, a una dictadura más o menos encubierta.
Salud y Libertad
Si los partidos políticos designan el gobierno de los jueces, aquéllos habrán vampirizado el poder de éstos, de tal manera que el único poder del Estado que podría parar los pies a los políticos en sus desmanes, despojos e incluso crímenes, queda sometido, de iure y de facto a esos propios políticos.
Yo creo firmemente que si el Poder Judicial es tal, ha de ejercer de tal, y por tanto, ha de diferenciarse totalmente del Poder Legislativo, y, no digamos, del Poder Ejecutivo, eligiendo a su órgano de gobierno sin interferencias políticas de ninguna clase. Lo contrario, la elección de los jueces por los partidos, es, digámoslo claramente, el secuestro político del Poder Judicial. ¿Quién va a creer que un juez propuesto por el PP o el PSOE va actuar contra aquéllos que le han aupado a su sillón? Lo veremos pronto.
No debemos olvidar que el Poder Judicial es, en última instancia, el que verdaderamente protege al ciudadano de los desmanes del poder, garantizando la independencia de los jueces y la igualdad ante la Ley. Son los jueces la última esperanza de los ciudadanos ante la poderosa Administración. Si cae el poder judicial, cae sin duda el poder ciudadano. No quedará al individuo ni un atisbo de esperanza al denunciar las tropelías del poder. Si los ciudadanos empezamos a percibir que no se pueden denunciar según qué cosas porque los directamente perjudicados por las ilegalidades de otros podemos ser nosotros mismos por el simple hecho de denunciarlas, la democracia habrá dejado de existir.
Digámoslo con claridad: la democracia no es partitocracia. La democracia no es la injerencia de los partidos políticos en todas las decisiones del Estado y la sociedad. Un sistema en el que el partido gobernante, elegido democráticamente, tiene todas las llaves del Estado e impone su criterio en todos los poderes estatales, suplantando al Parlamento y al Poder Judicial, con el suicida beneplácito del partido que, ilusamente, pretende “heredar” el poder, es un sistema abocado, irremediablemente, a una dictadura más o menos encubierta.
Salud y Libertad
viernes, 5 de septiembre de 2008
Socialismo y Liberalismo (I)
Con la que se nos viene encima, conviene más que nunca poner los puntos sobre las íes en lo que a políticas públicas se refiere. Que padecemos una crisis económica sin precedentes para la mayoría de los españoles, acostumbrados a la opulencia artificialmente creada por el crédito "sin crédito", es innegable. Que padecemos un gobierno incompetente en el mejor de los casos, y claramente malvado en otros, empieza a ser evidente para la mayoría de los ciudadanos librepensantes que gasten siquiera sea unos minutos en reflexionar sobre el tema. Bien es verdad que otros simplemente esperan ansiosos la décima edición de Gran Hermano...en fin.
Pues bien, al hilo del actual panorama político-económico español, se hace necesario dejar claros ciertos puntos que, a pesar de su evidencia, no son del todo conocidos:
1.- Existen ciertos personajes mediáticos y gubernamentales que afirman que existe una clara contradicción entre los liberales: si defendemos la no injerencia del estado en la economía, ¿por qué le exigimos al Gobierno que intervenga? Bien, primera aclaración. Cuando el liberal se refiere a que el Gobierno "haga algo" no ha de deducirse que solicita la "intervención directa" del Estado en la economía, sino, precisamente, que proponga las reformas necesarias de carácter estructural para que sea el propio mercado el que se reajuste. ¿Cómo? Simplificando procesos, persiguiendo la corrupción administrativa, y liberalizando sectores con regulaciones claras y de obligado cumplimiento para los actores económicos, lo que se traduce en una valiente fiscalización de la economía a través de organismos de control independientes.
Por poner un ejemplo: la construcción está en crisis por un claro desajuste estructural provocado por interferencias en el libre mercado tales como el farragoso sistema administrativo de ordenación del territorio español, planificador hasta la náusea, lo que retrasa y eleva el coste en función de clientelismo municipal en forma de oscura financiación de políticos y partidos; la temeridad en la concesión de financiación de la Banca, y muy especialmente de las Cajas de Ahorro tanto a empresas como a consumidores, con su consecuencia de aumento de precio final de los inmuebles, pero no así de su valor real, y la consecuente pérdida del valor real de la garantía hipotecaria); y la natural aceptación del dinero fácil por parte de los consumidores, que también han de asumir cierta culpa al pretender bienes que no podían pagar a cuenta de créditos hipotecarios que se firmaban con la argumentación del "malo será" o del "vendo el piso y le gano el 150 % en dos años".
¿Qué solución ha de tomar el gobierno? A juicio de un liberal, permitir que el mercado se reajuste automáticamente y por tanto, regulando con transparencia el sector, simplificando el proceso de urbanización, liberando definitiva y totalmente el suelo, y vigilando de cerca a los bancos, y muy especialmente a las Cajas de Ahorro. Es decir, que el Estado retire sus sucias manos del sector, y se limite a fiscalizar y a facilitar el negocio inmobiliario dotándolo de transparencia y libertad y persiguiendo decididamente la corrupción rampante a nivel municipal en la concesión de licencias, en la ordenación del territorio, en los Planes Generales...
¿Qué propone el gobierno? O bien rescatar a las grandes empresas a través de financiación pública directa, vía ICO, lo que intentó hace meses, o bien financiar públicamente la deuda de las empresas comprando suelo a éstas para ejecutar en ese suelo viviendas de protección oficial (VPO). Es decir, convertir al Estado en un actor directo en el sector. Como siempre, los pobres ciudadanos financiando a las grandes fortunas. ¿Es ésta una medida de carácter social? Eso sin entrar a valorar qué demonios se hace con el excedente de obra ejecutada existente en España: si sobran pisos construídos...¿debe el gobierno construír aún más, aunque sean VPO? ¿Qué pasará con los ya construídos? Una vez más el Estado causará más problemas de los que trata de resolver.
2.- Las arcas del Estado y de la Seguridad Social se resienten. Es decir, cada vez hay menos dinero público, porque cada vez se genera menos dinero en el sector privado al mismo tiempo que se despilfarra en los presupuestos del Estado las CCAA y los Ayuntamientos. Y no hay que ser un lince para deducir de dónde sale el dinero público: de los impuestos, o sea, de los contribuyentes, sean éstos personas físicas o jurídicas. ¿Qué propone el Gobierno? Más gasto público. Es decir, gastar dinero de las cuentas públicas improductivas en su mayoría, para tapar agujeros en el sector privado (léase ayudas sociales, 400 €, ayudas por hijo, ayudas al alquiler, vivienda pública, guarderías públicas, obras públicas...). Si habíamos deducido que el dinero público se genera vía impuestos de los contribuyentes, y éste se dedica a tapar los agujeros de productividad del sector privado, es inevitable la consecuencia: se oculta el problema con el dinero de todos, y éste continúa agravándose. Siguiendo la más lógica elemental llegará el momento en el que, seriamente mermados o, incluso, agotados los recursos públicos, y no habiendo solucionado el problema real de falta de competitividad y productividad del sector privado, habrá que tomar la más típica de las soluciones socialistas de todos los tiempos: SUBIR LOS IMPUESTOS para seguir con las políticas "sociales". Una vez más, la sociedad civil pagará el pato por partida doble: sus contribuciones públicas serán despilfarradas para "parchear" el problema real de la economía española, y cuando se vean abocados a una pérdida de poder aquisitivo, verán cómo, sin el menor pudor, los mismos que le han empobrecido le "despojarán" y exprimirán todavía más, vía impuestos.
¿Qué propone el Liberal? Todo lo contrario: austeridad en el gasto público, reduciéndolo a los mínimos exigibles de solidaridad, flexibilizar el mercado laboral, y BAJAR LOS IMPUESTOS, tanto a personas como, fundamental, a PYMES y grandes empresas. La consecuencia de estas políticas es también evidente: si el sector privado, es decir, trabajadores y empresas, ven liberada parte de su renta o beneficios vía impuestos, dispondrán de un plus de dinero que podrá adminsitrar mucho mejor que el despilfarrador Estado o CCAA o Ayuntamientos, por una sencilla razón: es suyo. El dinero de las empresas se moverá con mayor fluidez y la bajada de impuestos hará a éstas más competitivas en un entorno global de feroz competencia, atrayendo incluso nuevas inversiones. Es decir, el conjunto de la sociedad civil verá como se le deja abierta una puerta para la recuperación y el rearme de la economía, tanto familiar como empresarial. Finalmente, una de las muchas ventajas de estas políticas liberales es, paradójicamente, que suele ser una época de mayor recaudación pública, puesto que se produce un aumento de contrataciones lo que supone un aumento de recaudación vía cotizaciones e impuestos directos, y un aumento del consumo, lo que se traduce en una mayor recaudación vía impuestos indirectos. Por tanto, las arcas del Estado no sólo no recaudan menos, sino que recuperan su capacidad para invertir en políticas sociales básicas.
CONCLUSIÓN
Éstas son, entre otras muchas, diferencias básicas entre las políticas liberales, que creen en el individuo, en su autonomía y en su sabiduría en la gestión de sus propios recursos como la más eficaz de las armas para superar épocas de dificultades e incluso para evitarlas en gran medida, mientras las políticas socialistas, que creen en la divina intervención de papá Estado para administrar no sólo nuestra riqueza, sino también nuestra pobreza, acaban generando más paro, inflación, y una bajada real del nivel de vida de la mayoría.
Salud y Libertad.
Pues bien, al hilo del actual panorama político-económico español, se hace necesario dejar claros ciertos puntos que, a pesar de su evidencia, no son del todo conocidos:
1.- Existen ciertos personajes mediáticos y gubernamentales que afirman que existe una clara contradicción entre los liberales: si defendemos la no injerencia del estado en la economía, ¿por qué le exigimos al Gobierno que intervenga? Bien, primera aclaración. Cuando el liberal se refiere a que el Gobierno "haga algo" no ha de deducirse que solicita la "intervención directa" del Estado en la economía, sino, precisamente, que proponga las reformas necesarias de carácter estructural para que sea el propio mercado el que se reajuste. ¿Cómo? Simplificando procesos, persiguiendo la corrupción administrativa, y liberalizando sectores con regulaciones claras y de obligado cumplimiento para los actores económicos, lo que se traduce en una valiente fiscalización de la economía a través de organismos de control independientes.
Por poner un ejemplo: la construcción está en crisis por un claro desajuste estructural provocado por interferencias en el libre mercado tales como el farragoso sistema administrativo de ordenación del territorio español, planificador hasta la náusea, lo que retrasa y eleva el coste en función de clientelismo municipal en forma de oscura financiación de políticos y partidos; la temeridad en la concesión de financiación de la Banca, y muy especialmente de las Cajas de Ahorro tanto a empresas como a consumidores, con su consecuencia de aumento de precio final de los inmuebles, pero no así de su valor real, y la consecuente pérdida del valor real de la garantía hipotecaria); y la natural aceptación del dinero fácil por parte de los consumidores, que también han de asumir cierta culpa al pretender bienes que no podían pagar a cuenta de créditos hipotecarios que se firmaban con la argumentación del "malo será" o del "vendo el piso y le gano el 150 % en dos años".
¿Qué solución ha de tomar el gobierno? A juicio de un liberal, permitir que el mercado se reajuste automáticamente y por tanto, regulando con transparencia el sector, simplificando el proceso de urbanización, liberando definitiva y totalmente el suelo, y vigilando de cerca a los bancos, y muy especialmente a las Cajas de Ahorro. Es decir, que el Estado retire sus sucias manos del sector, y se limite a fiscalizar y a facilitar el negocio inmobiliario dotándolo de transparencia y libertad y persiguiendo decididamente la corrupción rampante a nivel municipal en la concesión de licencias, en la ordenación del territorio, en los Planes Generales...
¿Qué propone el gobierno? O bien rescatar a las grandes empresas a través de financiación pública directa, vía ICO, lo que intentó hace meses, o bien financiar públicamente la deuda de las empresas comprando suelo a éstas para ejecutar en ese suelo viviendas de protección oficial (VPO). Es decir, convertir al Estado en un actor directo en el sector. Como siempre, los pobres ciudadanos financiando a las grandes fortunas. ¿Es ésta una medida de carácter social? Eso sin entrar a valorar qué demonios se hace con el excedente de obra ejecutada existente en España: si sobran pisos construídos...¿debe el gobierno construír aún más, aunque sean VPO? ¿Qué pasará con los ya construídos? Una vez más el Estado causará más problemas de los que trata de resolver.
2.- Las arcas del Estado y de la Seguridad Social se resienten. Es decir, cada vez hay menos dinero público, porque cada vez se genera menos dinero en el sector privado al mismo tiempo que se despilfarra en los presupuestos del Estado las CCAA y los Ayuntamientos. Y no hay que ser un lince para deducir de dónde sale el dinero público: de los impuestos, o sea, de los contribuyentes, sean éstos personas físicas o jurídicas. ¿Qué propone el Gobierno? Más gasto público. Es decir, gastar dinero de las cuentas públicas improductivas en su mayoría, para tapar agujeros en el sector privado (léase ayudas sociales, 400 €, ayudas por hijo, ayudas al alquiler, vivienda pública, guarderías públicas, obras públicas...). Si habíamos deducido que el dinero público se genera vía impuestos de los contribuyentes, y éste se dedica a tapar los agujeros de productividad del sector privado, es inevitable la consecuencia: se oculta el problema con el dinero de todos, y éste continúa agravándose. Siguiendo la más lógica elemental llegará el momento en el que, seriamente mermados o, incluso, agotados los recursos públicos, y no habiendo solucionado el problema real de falta de competitividad y productividad del sector privado, habrá que tomar la más típica de las soluciones socialistas de todos los tiempos: SUBIR LOS IMPUESTOS para seguir con las políticas "sociales". Una vez más, la sociedad civil pagará el pato por partida doble: sus contribuciones públicas serán despilfarradas para "parchear" el problema real de la economía española, y cuando se vean abocados a una pérdida de poder aquisitivo, verán cómo, sin el menor pudor, los mismos que le han empobrecido le "despojarán" y exprimirán todavía más, vía impuestos.
¿Qué propone el Liberal? Todo lo contrario: austeridad en el gasto público, reduciéndolo a los mínimos exigibles de solidaridad, flexibilizar el mercado laboral, y BAJAR LOS IMPUESTOS, tanto a personas como, fundamental, a PYMES y grandes empresas. La consecuencia de estas políticas es también evidente: si el sector privado, es decir, trabajadores y empresas, ven liberada parte de su renta o beneficios vía impuestos, dispondrán de un plus de dinero que podrá adminsitrar mucho mejor que el despilfarrador Estado o CCAA o Ayuntamientos, por una sencilla razón: es suyo. El dinero de las empresas se moverá con mayor fluidez y la bajada de impuestos hará a éstas más competitivas en un entorno global de feroz competencia, atrayendo incluso nuevas inversiones. Es decir, el conjunto de la sociedad civil verá como se le deja abierta una puerta para la recuperación y el rearme de la economía, tanto familiar como empresarial. Finalmente, una de las muchas ventajas de estas políticas liberales es, paradójicamente, que suele ser una época de mayor recaudación pública, puesto que se produce un aumento de contrataciones lo que supone un aumento de recaudación vía cotizaciones e impuestos directos, y un aumento del consumo, lo que se traduce en una mayor recaudación vía impuestos indirectos. Por tanto, las arcas del Estado no sólo no recaudan menos, sino que recuperan su capacidad para invertir en políticas sociales básicas.
CONCLUSIÓN
Éstas son, entre otras muchas, diferencias básicas entre las políticas liberales, que creen en el individuo, en su autonomía y en su sabiduría en la gestión de sus propios recursos como la más eficaz de las armas para superar épocas de dificultades e incluso para evitarlas en gran medida, mientras las políticas socialistas, que creen en la divina intervención de papá Estado para administrar no sólo nuestra riqueza, sino también nuestra pobreza, acaban generando más paro, inflación, y una bajada real del nivel de vida de la mayoría.
Salud y Libertad.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)